Comunicación efectiva en el profesional en formación

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En publicaciones anteriores, se hizo referencia a la importancia de la escritura en la formación del profesional en educación superior. En este artículo haremos mención de otra habilidad de expresión, cuyo desarrollo es fundamental para el estudiante: la comunicación efectiva.

Pensar en la imagen de un postulante a un trabajo que se enfrenta en la entrevista con la mirada baja, los hombres hacia adelante y las manos entrecruzadas y caídas, dice más que toda la formación en especialidad que este postulante pueda tener. En un mundo competitivo -como el actual- no se debe descuidar ningún elemento que hable por la persona delante de una audiencia, por lo que es clave que el estudiante tenga la capacidad de desenvolverse de manera adecuada en distintos contextos.

Pero ¿cómo se logra que el estudiante desarrolle esta habilidad comunicativa?

En la práctica como docente de educación superior, es habitual observar que los estudiantes de primer año arrastran vicios de expresión desde su época escolar o son portadores de deformaciones comunicativas propias de los tiempos actuales. Mirada hacia el piso, falta de entonación y modulación, ausencia de expresividad con las manos, mala actitud corporal y un largo etcétera. No estamos refiriéndonos a un proceso de cambio simple de conseguir, sobre todo si va de la mano de falta de experiencia de hablar en público o de escasa experiencia para comunicar en contextos formales.

Para hacerse cargo del diagnóstico anterior, se debe realizar una intervención desde el primer semestre de formación de los estudiantes, mediante el desarrollo de un trabajo enfocado en tres ámbitos: paralingüístico (aspectos relacionados con la voz), kinésico (movimientos y expresiones) y proxémico (uso del espacio y la mirada como elemento comunicacional). Está claro que no es una situación que se remedie en un plazo breve, pero sí debe ser intervenido desde el comienzo de la formación y debe continuar a lo largo de la preparación profesional; esto es, someter al estudiante a evaluaciones periódicas en cursos de la especialidad que pongan en ejercicio la competencia de la expresión oral, de manera de familiarizarlo con este contexto nuevo: comunicación efectiva oral en el ámbito académico y profesional.

Pero no es todo: se debe generar una pauta de evaluación de esta competencia que sea transversal y que surja desde especialistas de la lengua. Con esto, los profesores de cada especialidad junto con evaluar el desempeño en el contenido propio del área de formación deben observar el cumplimiento de ciertos indicadores propios de la oratoria (volumen, ritmo, tono, articulación, uso de manos y brazos, expresiones faciales, contacto visual, uso del espacio). En la medida en que para el estudiante se vuelva habitual estar delante de una audiencia, impostar la voz, procurar una articulación adecuada, hacer un correcto uso de su cuerpo, mirar permanentemente a su público, etc., se construye la habilidad de comunicación efectiva que posibilita crear una proyección de imagen adecuada.

De esta manera, es posible realizar un seguimiento a la formación en habilidades de comunicación efectiva, que garantice que este profesional en desarrollo salga al mundo laboral con la posibilidad de proyectar una imagen de seguridad y confianza; que muestre habilidades de liderazgo, por medio de su expresión y que proyecte una formación integral en competencias blandas y duras.

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