Proceso de escritura en la educación superior

Fuente: univesia.edu.uy

Por mucho tiempo, se ha podido ver cómo las distintas instituciones de educación han relegado las competencias comunicativas al patio trasero de sus necesidades en la formación profesional de los estudiantes, al considerar que, si bien se deben incluir en la malla curricular, esta no debe afectar el tiempo ni los créditos de la preparación de la especialidad. Es comparable con los implementos que el conductor debe tener en su vehículo – extintor, triángulo, neumático de repuesto, etc.- que están relegados en el portaequipaje. Se tiene para cumplir, pero muchas veces están inservibles.

Con esta analogía queremos representar el hecho de que si los cursos que desarrollan las competencias comunicativas no se encuentran bien planificados, no son integrados al resto de la malla y no se les da el realce que estos merecen, serán una triste forma de cumplir con lo mínimo, lo cual no permite que el estudiante aprenda a leer para la educación superior ni que desarrolle competencias para plasmar de manera coherente sus ideas por escrito, menos que desarrolle el pensamiento crítico y autónomo para exponer y defender sus puntos de vista. En síntesis, tendremos a un profesional limitado, con -quizás- un buen manejo de las competencias duras, pero con escaso manejo de habilidades comunicativas.

Ahora bien, ¿cuál es, en concreto, el valor de las habilidades escriturales en la formación del profesional? Comencemos por el trabajo en expresión escrita.

Es muy extendida la idea de que un curso de redacción en educación superior consiste en llenar vacíos que se arrastran de la educación secundaria, lo que reduce esta preparación a ortografía, redacción de textos específicos y algunas formalidades generales. Lo que no se toma en cuenta es que un curso de estas características, bien planificado y bien desarrollado, presenta un proceso escritural al cual los estudiantes no están acostumbrados. Se trata, puesto en términos simples, de una organización del pensamiento a partir de los saberes propios y de la búsqueda de información pertinente, que se plasma en un discurso que da cuenta de contenidos y de organización coherente de estos. No del clásico «copiar y pegar» que muchos estudiantes universitarios consideran como la manera correcta de redactar un texto. 

El proceso escritural académico apropia al estudiante de información de su área en formación, la estructura, la organiza, genera pensamiento propio, propicia la formulación de ideas personales, detona la reflexión sobre un tema específico y se vuelca en el texto de manera ordenada: coherente y cohesionadamente.

Cuando la institución de educación logra ver el valor de este proceso y descubre que este no es una habilidad marginal, sino que se transforma en una herramienta crucial, que repercute en el rendimiento del estudiante de manera transversal en su plan de estudio, acoplan los cursos de desarrollo de competencias comunicativas al resto de la malla, lo que provoca una simbiosis que garantiza buenos resultados académicos.

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